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viernes, 27 de julio de 2012

Elegir pareja; ¿qué pesa en la decisión?


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Al elegir pareja, ¿qué es lo que nos hace optar por una persona específica? ¿Qué es lo que ante nuestros ojos la destaca? ¿Qué hay en juego en la decisión? Veamos algunas creencias y aspectos relativos a la elección amorosa, cuando se desea embarcarse en una relación a largo plazo.

Que el enamoramiento es ajeno a la voluntad, que simplemente sucede, es una creencia muy extendida con un especial peso durante la juventud, especialmente en la adolescencia. Frecuentemente desde la adultez, las personas comienzan a cuestionarse más qué tan conveniente sea iniciar una relación cuando conocen a alguien. Más allá de qué tan realista se suela ser, elegir pareja implica aspectos subjetivos vinculados a una imagen que tenemos del otro, la cual se corresponde en mayor o menor medida a datos reales.

Las fantasías, son muy importantes en la elección amorosa. Característica más acentuada en quienes poseen una rica imaginación, por tender a ver una posible pareja como quisieran que fuera y no tanto como realmente es. Jerarquizan así, su fuerte deseo de encontrar a alguien que colme sus expectativas, antes que un calmado y reflexivo examen de lo que están conociendo. Tras juzgar precipitadamente, luego suelen chocarse con la realidad.

Otra creencia bastante común, es que la atracción física no es importante. Al conocer a alguien, la repercusión que tiene en nosotros lo que vemos no es menor para nuestra decisión final, ya sea que nos agrade o que al menos no nos desagrade, es la puerta de entrada para comenzar a conocerle. Sin duda el atractivo físico por sí solo no es suficiente para que una relación dure, pero muy difícilmente realicemos una elección amorosa si alguien nos resulta físicamente desagradable.

La decisión de elegir pareja formal, además de implicar la sensación de que esta persona cumple con ciertos requisitos que consideramos indispensables, se vincula con nuestra propia disposición a comprometernos. Cuando realmente una persona desea tener una relación a largo plazo, su espectro de sujetos apropiados se amplía, pudiendo incluir algunos a los que hubiera rechazado anteriormente. Aquí, además de la valoración que se haga de las características del otro, juega un papel importante la etapa vital que se esté atravesando.

La elección amorosa, puede entrelazarse asimismo con necesidades afectivas propias, o con características de nuestros padres. Las oportunidades específicas que se presenten, también influyen mucho en la decisión. Tenemos el poder de elegir qué tipo de relación queremos vivir, si nos proponemos cultivar nuestra estabilidad emocional, si dedicamos tiempo suficiente a conocernos a nosotros mismos y al otro, será más sencillo el proceso de elegir pareja.