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viernes, 19 de octubre de 2012

Cultivando una autoestima saludable

cultivando una autoestima saludable


Que el amor propio es una suerte de medicamento en varios aspectos, no es novedad. Una autoestima saludable, que signifique una valoración positiva y realista de uno mismo y las propias habilidades, protege la salud psico – física, contribuye a enfrentar los problemas y aprovechar mejor distintas situaciones. Continuando el artículo anterior, la propuesta de hoy es dedicar un momento a pensar en dos esferas, donde lo que pensamos acerca de nosotros es muchas veces decisivo; el aspecto físico y el trabajo, así como puntualizar en algunos componentes generales que hacen a la autoestima.
[Imagen: pat138241/FreeDigitalPhotos.net]

Con frecuencia, lo que pensamos cuando nos vemos al espejo, se ve influenciado por  ideales de belleza vigentes, valorados en la sociedad y constantemente presentes en los medios de comunicación, en especial en la televisión. La ansiedad de perseguir un estereotipo, así como distintos trastornos alimenticios, ya han dejado de ser asuntos casi exclusivamente femeninos. Detengámonos a cuestionar lo que se nos intenta imponer, ¿es sano?, ¿estamos en verdad de acuerdo? Una autoestima saludable, nos permite vivir en armonía con nuestro cuerpo, conectarnos con el mismo sin tratarlo como objeto.  

No sólo somos eternos candidatos a un cuerpo perfecto, a la pareja perfecta, sino también al trabajo perfecto. La autoestima facilita el éxito laboral, por contribuir a manejar mejor el estrés y luchar por superar obstáculos. Mientras que quien suele juzgarse negativamente, tiende a sobredimensionar sus errores, pensar los fracasos como algo estable y los éxitos como meras casualidades. Un emprendedor que no tiene mucha confianza en sus recursos, tiene mayores probabilidades de abandonar su iniciativa, por ser más común que se paralice ante los contratiempos.
 

**¿Qué implica entonces cultivar una autoestima saludable?**

Muy a grandes rasgos, podemos decir que comprende;

*conocerse, aceptarse y valorarse, admitiendo nuestras virtudes y defectos, aceptando responsabilidades en su medida sin engañarnos y sintiéndonos capaces de crecer, mejorar y superar crisis.

*plantear objetivos, comprometernos con hechos y actuar. Aún asumiendo que el fracaso es algo que puede ocurrir, sin enfocarnos en ello ni considerándolo un fin catastrófico en caso de que ocurra.

*cuestionar reproches desmedidos y sustituirlos por ideas más constructivas y sensatas.

* establecer mejores vínculos con los demás y apreciar a quienes nos aprecian.

* guiarse por el propio criterio, existe una sustancial diferencia entre abrirnos a las opiniones ajenas y aceptarlas sin analizarlas. Podemos negarnos a algo que no nos guste serenamente, asumiendo la responsabilidad de ser reflexivos y decidir por nosotros mismos.

* amor propio equilibrado, un déficit de amor propio o pensar que se es el único inteligente y valioso, es muy dañino para la persona misma y quienes la rodean.

Si bien una autoestima saludable suele originarse en experiencias anteriores, como con nuestros padres si nos demostraban confianza en nosotros o no, es un aspecto sobre el que podemos trabajar si nos decidimos a hacerlo, tal como sucede en terapia. Podemos construir nuestra propia fuente de amor incondicional.